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Informe de campo de Frank Mutschler, de Mosca, y su visión global

En agosto de 2010, Timo Mosca, Presidente de MOSCA GmbH, me sugirió la idea de apoyar un proyecto de ayuda social a nivel internacional. Mosca ya colaboraba a gran escala con proyectos regionales desde hacía décadas, pero la idea de dar una vuelta de tuerca más y realizarlo a un nivel internacional representaba un reto nuevo para nosotros.

Después de una búsqueda intensiva, decidí ponerme en contacto con la organización de caridad World Vision. Y desde nuestro primer contacto ya percibí que estábamos en buenas manos.  World Vision es una Organización de ayuda Cristiana cuyos fines se centran en una cooperación para el desarrollo sostenible, de cariz humanitario y promoción de políticas de desarrollo. En el núcleo de su trabajo se focaliza la ayuda a los niños, familias y sus comunidades que sufren de pobreza e injusticia.

Tras una serie de conversaciones muy reflexivas con Eva Martin, Jefa de Proyectos de World Vision, tomamos la decisión de apoyar un proyecto de ayuda en Burundi.

1. Situación inicial en Burundi

Burundi es un país pequeño, aunque densamente poblado, del Este de África y es uno de los países más pobres del mundo. Su historia está marcada por las luchas entre los grupos étnicos de Hutus y Tutsis tras una violenta guerra civil que se inició en 1994. A pesar de un acuerdo de paz en el año 2000, la violencia esporádica, empero, sigue sin cesar. Cientos de miles de personas han perdido la vida, hecho que ha sido simplemente ignorado y olvidado por el resto del  mundo.

El país se ha estabilizado desde el año 2009, pero los rastros de la guerra son todavía visibles, en particular en el sistema educativo. Muchos edificios escolares y gran parte de la infraestructura esencial fueron destruidos y por ello deben ser reconstruidos. Durante la guerra, los maestros calificados huyeron del país y nunca más volvieron. Aunque la educación primaria es gratuita, el camino a las escuelas es a menudo demasiado largo, las clases demasiado extensivas y el programa de enseñanza inadecuado.

A pesar de que el 99% de los niños en todo el país están inscritos en la enseñanza, sólo el 74% asisten regularmente a la escuela primaria, y sólo un 66% alcanzan el quinto grado. E incluso aunque los niños asistan a la escuela, la realidad apunta a que ni siquiera aprenden a leer ni escribir bien. Las condiciones en Burundi  están mejorando muy lentamente y ello se debe a muchos factores internos que contribuyen a esta situación. Es por eso que el país necesita apoyo exterior.

2. El objetivo del proyecto

En 2011, los niños recibían aún la educación en las viejas escuelas destartaladas o, lo que era más común,  no recibían ningún tipo de educación. El objetivo fue construir una nueva escuela con capacidad para 400 niños. El diseño propuesto incluía acceso para discapacitados, grandes ventanas y rejillas de ventilación. También se pensó que el nuevo edificio debía beneficiar a todos, con espacios y lugares de reunión que sirvieran como sede para eventos del propio pueblo, Educación para adultos y tutorías.

La Educación constituye un aspecto muy importante de los objetivos para Burundi, especialmente para lograr que las próximas generaciones puedan salir de la pobreza y sentar las bases para un desarrollo sostenible.

El proyecto se completó en poco más de tres años y el edificio de la escuela y la biblioteca están ahora a pleno rendimiento. Apoyando este proyecto de ayuda internacional, Mosca cimentó su creencia en la sostenibilidad y éxito de este tipo de acciones, superando con creces su primera prueba. En lugar de hacer una sola donación para un proyecto concreto, la empresa pretende seguir apoyando este tipo de iniciativas de una manera continua y regular. Y para ver in situ lo que significaba esta sostenibilidad, partí de viaje a Burundi un 13 de marzo de 2015. Era el momento de experimentarlo personalmente.

Ya en la tarde del día siguiente, estaba en Bujumbura, capital de Burundi. ¿Qué es lo que esperaba yo encontrar allí? ¿Sería capaz de entender y captarlo todo? ¿Cuál sería la situación sobre el terreno? Había pasado demasiado tiempo desde la primera vez que World Vision  me pidió que viajara con ellos a Burundi. En la era de internet, leemos bastantes informes y tomamos en serio muchas de las advertencias a la hora de viajar al extranjero.

Quería ver personalmente algunos de los proyectos de World Vision, tantos como fuera posible "en carne viva". Por otro lado, por supuesto, también quería conocer Burundi como país y a su gente. ¿Qué hacer en Burundi? ¿Qué se puede experimentar y aprender? Una cosa que definitivamente no se debe esperar es una infraestructura turística desarrollada con las habituales comodidades y otras aptitudes ofrecidas por los viajes muy organizados como "la experiencia de África" en lugares como Kenya, Namibia o Sudáfrica. Lo que encontrará el visitante es un país con profundas cicatrices y desafíos, pero también con gente muy encantadora y comprometida que le reportará algunas experiencias verdaderamente impresionantes.

Junto con el impresionante paisaje, por supuesto, se observan asimismo las desventajas y retos de un país pobre. Y sus perspectivas. ¿Cómo gana la gente su dinero? La respuesta es que viven de la educación que han recibido. Eso es lo que proporciona la base para el desarrollo y la sostenibilidad. World Vision invierte sus recursos financieros en educación y formación: proyectos para preescolares (campos de lectura), escuelas, educación sanitaria,  proyectos agrícolas, microcréditos para mujeres jóvenes. Y todos estos proyectos pude verlos en nuestro itinerario.

3. Realizando las visitas

Lo primero que me llamó la atención cuando llegué a Bujumbura fue la limpieza de sus calles. Me había preparado para lo peor en términos sociales y de medio ambiente. Fuimos recibidos por dos empleados alemanes de World Vision que trabajaban regularmente en Burundi. Después de un interesante y variado día en la capital, partimos a la mañana siguiente en tres jeeps por la carretera hacia Cankuzo, la provincia más oriental de Burundi. Eso significó viajar a través de todo el país. Al final del día y durante todo mi tiempo en ese país, me di cuenta de por qué viajábamos en jeeps de tracción en las cuatro ruedas: Fuera de las grandes ciudades, los caminos estaban en muy mal estado.

Nuestro viaje nos llevó de una colina a otra, con altitudes entre 1.500 y 1.800 metros. Viajar durante el día se considera relativamente seguro, pero se aconseja llegar a la vivienda antes del anochecer. Nuestros conductores son naturalmente conscientes de ello y de ahí que a veces nuestro viaje se asemejara a menudo al Rally Paris-Dakar. Pero esto era nada en comparación con los hábitos de los ciclistas por la carretera surgiendo por doquier.

Para los hombres jóvenes, la bicicleta es el modo principal de transporte local. Cargas grandes de madera, bananas, verduras, cestas y todo tipo de productos se amontonan en sus portaequipajes traseros. Y no satisfechos con el reto que representa ese peso adicional, los jóvenes corren por las carreteras de montaña escarpadas hacia los innumerables mercados. Velocidades de 50-60 kilómetros por hora son muy corrientes aquí. Aún más emocionantes, sin embargo, fueron los tramos cuesta arriba. En sus viajes de retorno ya sin la carga, los ciclistas se agarran a camiones y automóviles  —obviamente de gran ayuda en las cuestas—  siendo arrastrados a gran velocidad, cosa que disfrutan grandemente, mientras aspiran el aire fresco vigorizante de los tubos de escape.

Esperaba un montón de cosas de este viaje, pero no estaba preparado para tan impresionante paisaje. Rara vez he visto un país tan diverso. La mayor parte del país se extiende a través de una vasta meseta que desciende en una serie de escalas desde 1.800 metros en el oeste, a 1.200 metros en el este. La meseta consiste en una gran parte de sabana húmeda y zonas de montaña de selva tropical, mientras que el noreste se compone de extensos humedales. Es todo muy hermoso.

Era tarde ya cuando llegamos al distrito de Cankuzo. Este se encuentra en una provincia del mismo nombre en las tierras bajas del este de Burundi y es una de las regiones más pobres del país. Y tras ese viaje polvoriento, estábamos todos deseando tomar una cerveza refrescante. Sin embargo, esto no fue posible en nuestro motel. Así que después de hacer el check-in (habitación de 8,00 Euros) nos dirigimos hacia el próximo motel en la más absoluta oscuridad. La electricidad y el agua corriente son un artículo de lujo en esta región. En los días que siguieron, aprendimos a valorar grandemente el uso de la linterna, un simple cubo de agua de lluvia o una botella de agua.

Fuimos recibidos por numerosos niños curiosos al grito de "¡Muzungu!", una palabra que escuchamos repetidas veces en los próximos días. En la lengua Kirundi significa "persona blanca".  La amable Letizia, que trabajaba para World Vision en Cankuzo, nos dijo que debíamos responder con un amable "Amahoro", que significaba "Hola".

Los blancos destacamos mucho en un país como Burundi, especialmente en el interior del país. Fuera de la capital Bujumbura, pocos blancos tienden a permanecer por mucho tiempo. Una pequeña anécdota al respecto: una noche, un joven nos preguntó si éramos de Inglaterra. Cuando contestamos que no, nos dijo que alguien de Inglaterra había estado una vez por aquí hacía algunos años.

Al día siguiente nos esperaba una apretada agenda. A las 7:30, ya íbamos de camino a la oficina de World Vision en Cankuzo. De allí fuimos directamente a visitar al Ministro Regional de la provincia, quien nos dio una cálida bienvenida. Una vez que terminaron los trámites, pudimos finalmente partir para visitar los proyectos de ayuda, acompañados por una escolta fuertemente armada. Esta escolta no estaba pensada, como pensamos en primer lugar, para nuestra protección. Eran guardaespaldas del ministro.

Después de unos 45 kilómetros a través de colinas y cañadas en el desierto, llegamos a nuestro proyecto de escuela en Gatete. Alrededor de 400 niños nos estaban esperando y nos saludaron con cantos y danzas africanas. Fuimos recibidos con un entusiasmo increíble, algo que se repetiría en todos los proyectos posteriores que visitamos. Mucho antes de mi viaje, había especulado yo acerca de lo que podrían esperar de mí y cómo debía yo abordar ese tema. Ahora estaba aquí, y me dejé guiar por mis sentimientos y acabe integrándome perfectamente en el grupo de niños. Todos querían acercarse a nosotros, y  cuando lo hicieron pude capturar esa "sensación especial". Es algo muy difícil de expresar con palabras – sólo tienes que vivirlo. Muchos de los niños nunca habían visto antes a una persona blanca, o tal vez sólo una vez.

Lo que experimentamos en Gatete superó totalmente nuestras expectativas: una escuela y unas instalaciones que destacaban enormemente en cuanto a limpieza y pulcritud. Incluso experimentados colegas de World Vision  como Eva y Oli nunca antes habían encontrado un proyecto tan emblemático en el continente africano.

World Vision  inauguró el primer edificio de la escuela primaria de Gatete en septiembre de 2012. La escuela se construyó en un año reemplazándose el viejo edificio, el cual estaba en peligro de colapso y sólo tenía espacio para 117 estudiantes. La nueva escuela puede albergar ahora hasta 400 niños en unos edificios acogedores y seguros. La mayoría de los niños deben recorrer hasta cinco kilómetros para llegar hasta allí cada mañana.

Además,  las seis aulas luminosas y acogedoras han sido construidas sin barreras arquitectónicas, de tal modo que los niños con discapacidades  pueden acceder fácilmente a las mismas. Las nuevas instalaciones ofrecen más espacio para las mesas, lo que se traduce en que ahora los niños pueden sentarse dos en un escritorio en lugar de cuatro, como solía ser el caso anteriormente. Un edificio adicional alberga la sala de profesores y una pequeña biblioteca. World Vision  ha montado también grandes pizarras fuera de las aulas, para que todos los habitantes del pueblo puedan aprender al mismo tiempo. Estas instalaciones se utilizan también para tutorías y educación de adultos. El nuevo edificio de alojamiento para profesores fue terminado en el año 2013.

Un aspecto muy importante fue la construcción de dos nuevas instalaciones de aseo, así como la instalación  de lavabos para las manos frente a cada aula, para reducir la propagación de las enfermedades. Los estudiantes y los profesores están encantados de que ahora puedan  lavarse las manos con agua limpia e ir al baño sin tener que ir buscando arbustos y matorrales  – una victoria real en el camino a la mejora de las condiciones de higiene en la escuela.

Pero mi tiempo de visita en esta escuela llegó a su fin – una experiencia que no me habría perdido por nada en este mundo – y de este modo nos pusimos en marcha para poner la primera piedra de otra escuela en Muyaga. En estrecha cooperación con la comunidad local y la junta escolar, World Vision  había construido una escuela en 2014. El edificio de la vieja escuela estaba en mal estado, mal equipada y sólo con capacidad para alrededor de 200 estudiantes. La nueva escuela ofrecía ocho amplias aulas y un edificio de administración adicional. Y con la reciente construcción de otro edificio, todos los estudiantes en el futuro podrán tener clases al mismo tiempo organizado todo en turnos. 

Nuestro horario por la tarde incluía aún dos lugares más. Un momento muy especial para nosotros fue la visita que hicimos a los "Campos de lectura" que  recientemente World Vision  había promovido. Estas iniciativas lograban la promoción sostenible y creativa de la alfabetización en niños de 3 a 6 años. En simples chozas hechas de barro y hojas de platanero, los voluntarios enseñaban a los niños de preescolar a leer y escribir a primera vista. Nunca antes había visto tal entusiasta aprendizaje entre niños como lo que experimenté en Burundi. Apenas podíamos creer que casi todos los niños de entre 3-6-años que asistieron al campamento de lectura fueran capaces de leer y escribir tan rápidamente. Y el plan es continuar con más campos de lectura en el futuro.

Al final de este día tan movido y emocionante, visitamos por fin la escuela secundaria de Cankuzo. Cientos de jóvenes nos habían preparado una recepción abrumadora. Con la ayuda de donaciones, una biblioteca multi-generacional había sido construida en los terrenos escolares.

Los libros son escasos: la biblioteca, construida en años anteriores, fue equipada con nuevo material de lectura en el 2014. Después de un cuidadoso análisis, el personal del proyecto trabajó con los maestros y representantes de la autoridad en educación para identificar las necesidades de lectura de los niños, adolescentes y adultos. Entonces adquirieron los libros necesarios y los entregaron a la biblioteca. Muchos libros tuvieron que importarse del extranjero ya que no pudieron ser obtenidos en el mercado local. Hay sólo un puñado de librerías en todo el país, careciendo de una editorial que realmente funcione. Desde su inauguración, la biblioteca de Cankuzo está ahora siendo utilizada por una media de 3.000 personas cada mes.

El tercer día llegó a su fin y llegamos a nuestro hotel poco después del anochecer. Cansados pero colmados por nuestras impresiones, terminamos el día con una cerveza bien merecida.

Al día siguiente, como cada mañana, éramos despertados a las 5:00 con la oración del muecín. Eso significaba que aún quedaban dos horas para el desayuno. Nuestro lavado matutino era generalmente un asunto superficial, pues como casi siempre, no había agua corriente disponible. A las 7:30 comenzamos nuestro siguiente día con la agenda completamente llena. El primer proyecto que visitamos era una pequeña aldea en el campo, donde nos encontramos con el ahijado de mis compañeros de viaje, Judy Bailey Depuhl y Patrick Depuhl. Judy Bailey Depuhl es un cantante de música pop cristiana, compositor y músico y ha sido embajador de World Vision  durante muchos años.

Sólo es posible obtener mejoras constantes en la vida de los niños necesitados si se altera su entorno. La ayuda de un patrocinador de World Vision, por tanto, no se limita a tener un ahijado, ya que su familia y  su entorno también están involucrados.

A las 9:30 nos fuimos a visitar el proyecto FARN de World Vision en Muterero. El proyecto FARN busca combatir la desnutrición entre los niños. Para ello, las madres reciben educación concerniente a nutrición, cultivos y habilidades de cocina. Durante ese curso, las mujeres aprenden a preparar comidas nutritivas y equilibradas, utilizando alimentos disponibles localmente.

Una dieta adecuada y equilibrada es la base para asegurar que los niños puedan desarrollarse sanamente. En Cankuzo, sin embargo, muchos niños están desnutridos. Rara vez tienen suficiente para comer y aunque la cantidad parezca suficiente, la comida a menudo carece de nutrientes y vitaminas esenciales. Como consecuencia, los niños tienen problemas de peso o incluso experimentan crecimiento retardado, lo que tienen consecuencias a largo plazo para su salud y su vida en general.

Un momento muy especial para mí fue cuando conocí a mi tocayo "Frank". Judy Bailey Depuhl y yo nos sentamos sobre las alfombras, entre todas las madres y los niños, para aprender más sobre sus preocupaciones y sus miedos. Mi pequeño amigo Frank se me acercó y se sentó en mi regazo, no mostrando ningún tipo de miedo al contacto con el hombre grande y de pelo gris. Él se echó a reír y se puso a  jugar conmigo – y fue precisamente en ese momento cuando supe que nuestras donaciones habían llegado exactamente al lugar correcto y con los socios adecuados.

Dos horas más tarde, llegó la hora de las despedidas. Con el corazón angustiado continuamos con nuestra ronda de visitas.

Olvide por un momento todo lo que usted pensó que sabía acerca de las piñas. Al continuar nuestro recorrido por el resto de la provincia, nos dieron la oportunidad de visitar una plantación de piñas. Fuimos recibidos por Charles, un hombre cuyo carisma era perfecto para participar en cualquier película sobre África. Él estaba al frente de una colectividad campesina, establecida por World Vision. Repartidas en varias hectáreas, el cultivo principal es la piña. El proyecto va bien y las ventas de los productos están aumentando.

Dentro de un año, el área de tierra cultivada habrá aumentado de dos a siete hectáreas. Tuvimos la suerte de probar una de esas piñas, recién cortadas de los arbustos de bajo crecimiento, lo que les confiere un sabor que no es igualado por nada que podamos comprar en nuestro país. A través de sus actividades de formación, World Vision ha ayudado ya a 7.654 pequeños agricultores para aplicar métodos de ahorro de recursos en la agricultura. Como resultado, aproximadamente un tercio de ellos ya ha aumentado sus ingresos en al menos un 20%.

El punto final de nuestro viaje fue una visita a un grupo de ahorro orientado a las mujeres   – un camino para salir de la pobreza. Aquí, las mujeres están orientadas en la creación de grupos de ahorro. Las mujeres ahorran juntas. Y a través de estos ahorros en común, van acumulando su propio capital. Con este capital, van generando préstamos pequeños, que se utilizan como fondo germinal para nuevas ideas. Este sistema, que prospera en conjunción con la comunidad de la aldea y sus pobladores, funciona muy bien. Las tasas de reembolso representan casi el 100 por cien.

Y así llegó el último día de nuestro viaje. Un viaje que dejó tantas impresiones en mí que necesité varias semanas posteriormente para ordenar y clasificar todas ellos. Una experiencia que no me habría perdido por nada en el mundo. Me gustaría mucho volver a este rincón de la tierra otra vez para evaluar personalmente el desarrollo del país y la gente.

4. ¿Qué sucede a continuación?

Durante los siguientes tres años, Mosca GmbH ha seguido trabajando conjuntamente con World Vision, apoyando muchos proyectos más educativos en Cankuzo. Nuestro objetivo es construir más escuelas primarias o renovar y ampliar las instalaciones ya existentes.

Además, vamos a invertir aún más en la calidad de la educación. Un indicador importante de este cambio será el fomento de la lectura en los niños, porque se ha demostrado científicamente que esto es la clave para el desarrollo posterior del niño. Para ello se formarán nuevos docentes para lograr este objetivo. Se fomentará entre los niños y jóvenes el aprendizaje de la lectura, escritura y aritmética en escuelas mejoradas y con ambiente familiar. Para ello es vital que otros miembros de la familia y los vecinos colaboren en este trabajo – y nos aseguraremos de que reciban el apoyo que necesitan.

Se van a editar,  en ese sentido,  materiales de lectura de tipología local. Apoyados por el personal de World Vision en la zona y con un uso de software específico, la población de Cankuzo será capaz de captar conocimientos localmente adaptados, con un material didáctico adecuado. De esta manera, se convertirán al mismo tiempo en autores y editores. Esto proporcionará un valioso nuevo material de lectura que enriquecerá la actual y modesta producción. La participación de adultos y niños en esta producción de libros, estimulará también su creatividad y autonomía durante la promoción de habilidades de lectura y concentración.

"Amahoro!"

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